De viaje: Venezuela.

 Jhoanna prometió llevarme a los mejores rincones para disfrutar de su país y de nuestro amor. Han sido unas semanas inolvidables en todos los sentidos. Amor, familia, amigos… y paisajes.

Y venezuela esconde tesoros para todos aquellos que decidan lanzarse a la aventura, salir de las grandes ciudades a descubrir lugares cargados de emoción y huir de los circuitos más turísticos y masificados. El turismo es un valor muy importante para el país y uno de sus motores económicos. Y nos es para menos, pues uno queda extasiado ante su belleza, repleta de contrastes. En los 916.445 kilómetros cuadrados que tiene la nación de Simón Bolívar, podemos encontrar ambientes tan distintos como playas de aguas esmeraldas, verdes praderas, montañas selváticas, cumbres nevadas de casi cinco mil metros, grandes ríos, tepuyes, Sabana… ¿Comenzamos nuestro viaje?

 

Parque nacional de Mochima

Este bonito parque nacional se encuentra entre Puerto La Cruz y Cumaná, perteneciente a los estados de Anzoátegui y Sucre. Tiene una superficie superior a las 90 mil hectáreas, de las cuales el cincuenta por ciento es superficie marina. Si se buscan rincones tranquilos de costa, con pequeñas playas y calas de aguas transparentes donde disfrutar del sol y el buceo, Mochima resulta ser el sitio perfecto. Desde Puerto La Cruz, puerta de entrada al parque, ya se puede acceder a numerosas islas con una embarcación, de las cuales destacaríamos la isla del Faro o la playa Puinare. Por la carretera que nos conduce hasta el pueblecito de Mochima seremos testigos de la particularidad del paisaje. Las aguas azules contrastan con las montañas repletas de verde y espesa vegetación, predominando las palmeras y los plataneros. Mochima es un pequeño pueblo muy pintoresco, donde se vive básicamente de la pesca y el turismo. Los pelícanos nos darán rápidamente la bienvenida a poco que nos acerquemos al agua. Tenemos la opción de hacer un circuito en una embarcación de pescadores, la cual nos llevará a las mejores playas del parque nacional: El Pozo, La Gabarra, Las Maritas, Playa Blanca, Cautarito, Playa Manare… a cada cual más hermosa, rebosantes de vida marina donde poder pescar y practicar buceo (snorkel) y admirar fondos de coral, donde se mueven las abundantes agujas, cabrachos, rayas y una abundantísima fauna marina.

De entre todas las playas que visitamos, Jhoanna y yo nos quedamos con Playa Blanca, una cala ideal para disfrutar del sol y su arena blanca. Allí vimos como el sol comenzaba su retirada en un bonito atardecer, entre confesiones de amor, deseos y sueños juntos. Precioso.

 

Caripe

Tras el calor de la costa nos desplazamos varias horas desde Mochima hacia el interior buscando temperaturas más frescas y sin duda en Caripe las encontramos. Verdes montañas rodean a esta población del estado de Monagas, situada en el valle de homónimo nombre. Su vegetación es exuberante y se respira un frescor muy reconfortante. Aquí lo mejor es quedarse a dormir en una posada de las muchas que encontraremos y donde las gentes del lugar te tratan de maravilla. Y como no, probar sus ricos desayunos con un buen café negrito bien calentito y unas deliciosas empanadas. Por la noche las temperaturas bajan (Caripe está situado a 928 metros de altitud) y también se agradece un chocolate bien caliente.

De visita obligada es la Cueva del Guácharo y el salto de la Paila. La primera expedición que visitó la cueva, fué en 1799, y estaba encabezada por el naturalista alemán Alexander von Humbold (del cual hay una estatua a la entrada de la cueva en su homenaje). Allí fueron testigos de lo que se siente al escuchar en la más absoluta oscuridad al ave más representativa y extraordinaria de la cueva: el Guácharo. Su nombre significa “ave que llora o se lamenta” en la lengua de los indígenas Chaimas. A primera vista puede parecer un pequeño águila, pero tiene unas costumbres eminentemente nocturnas y está totalmente adaptado a vivir en la oscuridad, pues se guían como lo haría un murciélago. Salen en grupos numerosos y en tremendo escándalo cuando cae la noche, marchándose decenas de kilómetros en busca de frutas y granos grasosos para alimentarse (adoran los mangos  y aguacates) para regresar antes del amanecer. Disfrutar de esos momentos, a la entrada de la cueva, en silencio, nos hará sentir el temor que sintieron los primeros exploradores cuando se adentraron en la cueva y escucharon por primera vez el grito de estas aves. Es una experiencia extraordinaria. La que nosotros vivimos no la olvidaremos nunca. Una particularidad que nos llamó mucho la atención es que son aves que viven toda su vida con la misma pareja. Si uno de los dos fallece, el otro muere de tristeza. Un hecho insólito en la naturaleza.

Cerca de la cueva, a 45 minutos caminando, encontramos el bonito salto de la Paila. Una cascada de 30 metros de altura que resbala de forma sutil y graciosa por la roca, como si quisiera acariciarla, vertiendo sus aguas en el fondo de un encajonado cañón en forma de olla (Paila, de ahí su nombre) con paredes de hasta 70 metros de alto. Un bello rincón, tranquilo, donde refrescarse y hacer bonitas fotografías.

    

 

Ciudad Bolívar

Aunque uno cuando viene a Venezuela suele buscar naturaleza, no quiere decir que no se puedan pasar momentos muy agradables visitando alguna gran ciudad. Nosotros pasamos dos días increiblemente hermosos en esta bonita ciudad a orillas del Orinoco. Nos encontramos en el Estado Bolívar, al sureste del país, donde las aguas del inmenso Orinoco baña la antigua ciudad de Santo Tomás de Guayana de Angostura, rebautizada en 1846, como Ciudad Bolívar. Destacaríamos tres zonas que hay que ver sí o sí: el tranquilo y bien cuidado casco antiguo, con el monumento del Libertador en una coqueta plaza y con museos varios, el jardín botánico (algo más descuidado) donde encontramos una preciosa representación de árboles y flora tropical y la estatua más grande del país de Simón Bolívar, y el paseo del Orinoco, el lugar ideal para refrescarse con la brisa que trae el río, pues de lo que va sobrado Ciudad Bolívar es de calor. ¡Un calor sofocante el que pasamos! Pero se desvanece cuando uno pasea en compañía de la mujer de su vida, con un precioso atardecer reflejándose en el Orinoco y el puente de Angostura en el horizonte.

 

Parque de la Llovizna y río Caroní

El río Caroní es uno de los ríos más caudalosos de Venezuela y donde se encuentran algunas de sus maravillas. Puerto Ordaz, la ciudad de Jhoanna, está enclavada en un lugar privilegiado, pues al norte tiene el Orinoco, y al sur las aguas del Caroní. El Parque de la Llovizna está a pocos minutos de su casa, un parque encantador donde perderse unas horas para ser testigo de la fuerza del Caroní. Tras llenar algunos de los embalses más grandes del país (los mejores lugares del mundo para la pesca del Pavón), sus aguas vierten toda su fuerza en una serie de cascadas realmente hermosas. Varios miradores le permiten a uno extasiarse con el paisaje y sacar hermosas fotografías, además de imaginar las tremendas payaras que deben haber en esas corrientes tumultuosas… El parque en sí es todo un regalo para los sentidos, pues el agua y la flora son los protagonistas de todo un circuito de senderos que lo jalonan en toda su extensión.

Otra opción muy interesante, unos pocos kilómetros más abajo del parque, es ver la confluencia del Caroní con el Orinoco. Este punto es de una belleza singular, pues las aguas negras y oscuras del Caroní se mezclan con las marrones del Orinoco, originando un corte de aguas espectacular.

La mejor manera de visitarlo es en las chalanas turísticas que te llevan hasta este punto y después te acercan a las cascadas del Caroní, para verlas desde otro punto más… digamos que cercano. El remojón está asegurado, pero lo pasaremos como niños pequeños y nosotros disfrutamos del espectáculo natural y lo más importante, como siempre, lo hicimos juntos. Antes de regresar a puerto, la chalana desembarca en una de las playas del Caroní, de arena blanca, donde poder darte un refrescante y merecido baño en sus oscuras pero limpias aguas.

  

 

La Gran Sabana

El Parque Nacional de Canaima, con más de 10.000 hectáreas de extensión, es uno de los más extensos de Venezuela y en él encontramos algunas de las maravillas del mundo, como el Tepuy de Auyantepui (donde se origina la cascada más alta del mundo, el Salto Ángel) y la Gran Sabana. En esta vasta extensión, donde predomina la etnia Pemón, encontramos hermosos Tepuyes, como el Roraima, de 2.810 metros de altitud y paredes verticales de más de 400 metros y algunos de los saltos de agua más espectaculares, motivos por los cuales la Gran Sabana fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994. Es una zona para descubrir durante varios días y a poder ser con un 4×4. Ello nos facilitará el acercamiento a los Tepuyes, a las aldeas más recónditas  y a los saltos de agua más escondidos. Aún y así, cerca de la vía principal, encontramos saltos tan hermosos como el Kawi, Kama, Quebrada Pacheco, Quebrada de Jaspe o Yuraní, entre muchos otros. Hay innumerables pozas cristalinas donde darse un buen baño, pues a pesar de que durante la noche caen las temperaturas en picado, durante el día, suele hacer bastante calor. Jhoanna y yo pasamos unos días maravillosos en este rincón inmenso de Venezuela. Inolvidables. Para dormir es posible hacerlo en las zonas habilitadas para la acampada o acercarse hasta la población de Santa Elena (casi en la frontera con Brasil), donde encontraremos hoteles más confortables. Nosotros escogimos un poco de todo. Eso sí, hay que ser previsores y llevar bastante dinero en efectivo, pues en Santa Elena es el método de pago más habitual.

Salto Kama

De entre todas las cascadas que visitamos, la que más nos gustó fue la Quebrada de Jaspe. Hay que caminar un rato pero merece la pena ya que encontraremos un lugar paradisíaco. Buscábamos una cascada donde darnos un buen baño y sus frías aguas nos quitaron completamente la calor, en un entorno fresco y sombrío, donde estuvimos completamente solos, con la única compañía del rumor del agua y el curioso canto de los pájaros del bosque. La Quebrada debe su nombre al color rojizo y negro de sus rocas de Jaspe y aunque el salto es más bien pequeño, su belleza no te deja indiferente. El tiempo que pasamos allá lo recordaremos toda la vida.

  

Salto Yuraní

 

Si queréis leer un bonito relato navideño sobre la Gran Sabana, aquí os dejo el enlace del relato que ha escrito Jhoanna en su blog Mundo Relatos, con su inconfundible y particular estilo. Una preciosa lectura ya que sin duda tiene mucho de nosotros.

http://mundorelatos.com.ve/tepuyes-navidad-y-amor/

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#Nota del autor: Estaré eternamente agradecido a mi gran amor, Jhoanna, por todo lo que hemos compartido en su país, así como a su familia, que me ha tratado como a un hijo, un hermano, uno más de la familia desde el primer día que puse un pie en Venezuela. Cierto es que el país lleva años atravesando malos momentos. Los problemas (o más bien injusticias) serán de muy difícil solución incluso a largo plazo pero los venezolanos son gente orgullosa de su país y no es para menos. Regreso con grandes amistades hechas, el cariño y amor de la que ya es mi familia, y aún más enamorado si cabe no solo de Jhoanna (que es un amor para toda la vida), si no de Venezuela.

 

Texto: Toni Martínez Cardenete

Fotografías: Jhoanna Elizabeth Bolívar Rivero y autor.

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6 respuestas a “De viaje: Venezuela.

  1. Tremendo artículo! Digno, no sólo de Monte y Pesca, sinó también de cualquier blog del viajero! No conozco absolutamente nada de Venezuela, pero hoy tengo la sensación de conocerla un poquito, o, al menos, de saber a dónde iré seguro el día que la visite! Bonito post, aunque, eso sí, espero la segunda parte (ya sabes, el dedicado 100% a la escama venezolana… ;-)). Un fuerte abrazo!!

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  2. Me encantó, definitivamente encontraste las palabras perfectas para cada rincón que visitaron. Morí de amor leyendo todo lo que has escrito sobre Jhoanna y lo que compartieron! jeje!!! Siempre seras bienvenido a nuestra hermosa Venezuela porque te quedan muuuchos sitios mas por conocer igual de hermosos que los que visitaste.

    Saludos, hasta pronto!!

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    1. Hola Lisset!! gracias por tus bonitas palabras. No dudes que volveremos porque nos queda mucho que ver y tu país ya forma parte de mi corazón. Y de Jhoanna que te voy a decir que no te haya dicho ella ya…jajajajaja Ayyyssss un amor precioso y único y del que hemos disfrutado en los lugares más hermosos. Y encantado de conocerte. Seguro nos volvemos a ver pronto!!!

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    1. Cada lugar tiene una historia mi amor. Recuerdos para toda nuestra vida!!!!!!! y repetiremos…pronto! Aún nos quedan muchos sitios a los que ir y disfrutar. Me hace tan feliz que te guste…aaaaiissssss. Un besoooooooo vida!!

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