Carta a mi amado pescador.

1146578_560243074013274_1779900620_n

Dicen que la pesca alimenta el espíritu, que te hace mejor persona y te ayuda a comprender los caprichos de la naturaleza. Yo antes no entendía tales afirmaciones. Fue mi marido, que en paz descanse, quien me enseñó y me inculcó los valores de un deporte que me permite evadirme de mis rutinas diarias y mis luchas interiores. A él lo echo tanto de menos…pero me dejó algo con lo que pasar mis horas de manera especial: el arte de la pesca. Cada día me siento en mi muelle particular, con Kitty, mi gata, atenta siempre a mi pequeña boya, sabedora de que quizás consigo sacar del agua un suculento pez para la cena. Aunque en la mayoría de ocasiones, los peces vuelven a su medio, para que me sigan dando alegrías en mis próximas salidas pese a la mala cara que pone Kitty… Quizás esa trucha la próxima vez que pique pese dos kilos más. Las ilusiones también forman parte de este juego.

Haber estado casada con una persona tan noble, amante de la pesca y de la naturaleza, me hace ser mucho más fuerte y luchar contra las injusticias. En el lago y en el pueblo, me llaman la poli-pescadora, porque siempre me quejo y denuncio las malas artes de los malos pescadores e intento inculcar siempre una pesca más acorde con el medio tan frágil en el que viven los peces. Claro que eso me ha traído problemas incluso en un pueblecito tan pequeño y de gentes tan “tranquilas”. Para una mujer que vive sola junto al lago, no son situaciones agradables, si bien también hace mucho que olvidé mis miedos. ¿Y gracias a qué? Pues claro, a la pesca. ¡Cuántas cosas! Si le hubiera hecho caso a mi madre que me decía que eso de pescar era una cosa de viejos que perdían el tiempo a orillas del lago donde además se emborrachaban, me hubiera perdido demasiadas sensaciones, jajaja. Hoy no sería yo. Y el amor de mi vida, allá donde esté, si me está viendo, espero que vea en la gran pescadora que me he convertido. Estaría orgulloso. Un día apareció en mi vida cuando más lo necesitaba y me dejó un legado: el imborrable recuerdo de un amor imperecedero y los peces. Mi vida parece una novela de algún escritor ñoño americano, pero no la cambiaría por ninguna otra. Ahora solo me queda una cosa por hacer: seguir aprendiendo de este deporte que tanto me aporta. Hay que aferrarse a las cosas que uno ama. En mi caso son mi casita de madera, mi lago, mi gata y mis peces. Con todo ello soy feliz y haciéndolo sé que hago feliz a mi gran amor en su última voluntad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s